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Deep Work


Este resumen ha sido creado por 12 Minutos lo cual es de lo lindo del mundo!

 

Trabajar de manera profunda es una de las habilidades más valiosas en el mundo contemporáneo y “Deep Work” es un tratado sobre esta forma de trabajar. El trabajo profundo es una habilidad que se está tornando cada vez más rara con los avances tecnológicos, la computación móvil y nuestra dependencia cada vez mayor a las redes sociales. Trabajar profundamente significa desarrollar la capacidad de enfocarse en tareas que exigen mucha atención cognitiva sin distraerse. En “Deep Work”, Cal Newport te va a ayudar a aprender cómo desarrollar una concentración profunda para que puedas producir a tu nivel máximo, con el más alto desempeño. Trabaja profundamente para alcanzar el éxito profesional. ¡12’ te muestra cómo en este microbook fantástico

El multitasking está matando tu productividad

Deep Work, o trabajo profundo, es la habilidad que te va a ayudar a hacer muchas más cosas en menos tiempo y a aprender nuevas habilidades complejas rápidamente. Para sobrevivir en el mundo actual, esta habilidad es esencial.

Cada vez más, nosotros, los profesionales de la información, fragmentamos nuestra atención a partir del constante acceso a las herramientas virtuales, como las redes sociales, los emails y la propia Internet. Sucumbir a estas distracciones nos vuelve incapaces de trabajar profundamente y nos hace trabajar de forma superficial. Es necesario dominar el Deep Work, pues el trabajo superficial no explota nuestro máximo potencial y es fácilmente repetible y sustituible por otras personas.

Tú, como la mayoría de la gente, probablemente haces muchas cosas al mismo tiempo y crees que este es el mejor uso de tu tiempo. La mala noticia es que esta lógica está totalmente equivocada, pues trabajar en muchas cosas en paralelo no es sinónimo de productividad. Es necesario abandonar el modo de multitasking en el cual nos acostumbramos a operar. Un estudio de la Universidad de Minnesota, realizado en 2009, probó que al alternar entre una tarea A y una tarea B, la atención de las personas sigue en la primera tarea, lo que perjudica la concentración en la otra tarea y hace que ambas tareas sean completadas con un mal desempeño.

Otro estudio, hecho por la consultora McKinsey, nos muestra que el profesional moderno está constantemente distraído. Gasta cerca del 60% de su tiempo usando herramientas de comunicación online y navegando por la Internet. Casi el 30% del tiempo del profesional es dedicado a responder emails. Eso nos hace completar pequeñas tareas y sentir que estamos ocupados, cuando en realidad estamos destruyendo nuestra productividad por falta de foco.

Las habilidades clave para el Deep Work

Para trabajar de manera profunda, 2 habilidades son esenciales. La primera es la habilidad de dominar rápidamente cosas difíciles y complejas. La segunda es la habilidad de producir en alta performance, tanto en calidad como en velocidad.

Para aprender cosas difíciles rápidamente, necesitas concentrarte intensamente y sin distracciones. Aprender es un acto de “trabajo profundo” y si te sientes cómodo en profundizar en tu trabajo, estarás cómodo con dominar los sistemas cada vez más complejos y las habilidades necesarias para ser exitoso en nuestra economía.

Si, en vez de eso, te sientes incómodo con la profundidad y con la constante distracción, no debes esperar que estas habilidades sean fáciles para ti. Es necesario que entiendas la siguiente ecuación:

  • Trabajo producido con calidad = (tiempo) x (intensidad de foco)

Para producir en tu máximo nivel, necesitas trabajar por periodos largos con concentración máxima en una única tarea, libre de distracciones.

Entrando en el modo Deep Work

Existen diferentes estrategias para entrar en el modo Deep Work y todas ellas necesitan de tu atención. No existe una estrategia única, pero algunos consejos generales pueden ayudar.

La primera es la monástica. Se basa en remover todas las fuentes de distracción y aislarse del mundo, como lo haría un monje.

La segunda es la bimodal. Se basa en definir un periodo largo de enfoque y dejar el resto de tu tiempo libre para otras cosas.

La tercera es la rítmica, que se basa en crear el hábito de trabajar profundamente en bloques de 90 minutos, por ejemplo, y ya dejarlos reservados en tu agenda.

La última estrategia es la periodística, que se basa en asignar cualquier tiempo libre que surja en tu día para entrar en modo profundo.

Independientemente del método que elijas, es importante saber que es necesario ser metódico para entrar en Deep Work. No serás capaz de entrar profundamente al trabajo de forma constante si no creas un proceso para ello.

El trabajo profundo debe ser una prioridad

Muchas tendencias del mundo contemporáneo disminuyen la capacidad de las personas de realizar trabajos profundos, tales como oficinas abiertas, las plataformas de mensajería instantánea y la necesidad de mantenerse presente en las redes sociales. Sin duda, estas tendencias traen algunos beneficios, como respuestas rápidas en las conversaciones, posibilidad de trabajo remoto y mejor comunicación en las empresas, pero, por otro lado, perjudican el trabajo profundo.

Además de las tendencias descritas anteriormente, otras distracciones ocupan los lugares de trabajo. Una de ellas es la cultura de la conectividad, según la cual necesitamos responder los mensajes rápidamente y todo el tiempo. Siendo así, ¿por qué tantas personas pregonan la cultura de la conectividad, aunque sea probable que perjudique el bienestar y la productividad de los empleados? La respuesta puede ser encontrada en el principio del menor esfuerzo, que, actualmente, dirige el comportamiento en el ambiente de trabajo. Según éste, en un ambiente de negocios, sin un feedback claro del impacto de diversos comportamientos, tenemos la tendencia a actuar de acuerdo a los comportamientos que son más fáciles en el momento.

Aparentemente, en el mundo de negocios actual, muchos profesionales están volviendo a la vieja definición de productividad para intentar solidificar sus vidas profesionales. Los profesionales de la información tienen la tendencia a buscar actividades en las que sea visible que están ocupados porque les falta una forma mejor de demostrar su valor. Esta tendencia puede ser llamada “estar ocupado como señal de productividad”.

A falta de indicadores claros que indiquen lo que significa ser productivo en el trabajo, muchos profesionales buscan un indicador industrial de productividad: hacer muchas cosas de manera visible. Eso acaba perjudicando al profesional, pues acaba produciendo muchas pequeñas actividades superficiales y se vuelve fácilmente reemplazable.

Por eso, hoy el “trabajo profundo” debería ser una prioridad en el ambiente corporativo, lo cual no sucede. El hecho es que el trabajo profundo es difícil, mientras el trabajo superficial es fácil y simple. Eso hace que, a falta de metas claras, sean priorizadas las ocupaciones visibles que están alrededor de una tarea, haciendo que las personas se enfoquen solo en lo superficial.

El trabajo profundo es realizador (si entras en el “flow”)

A diferencia de los artesanos que enfrentan retos profesionales relativamente bien definidos, pero de difícil ejecución, no es fácil definir exactamente las tareas que necesitan ser ejecutadas por especialistas en el mundo actual. Todo parece terminar en algunos emails y presentaciones de PowerPoint. Más allá de eso, ¿será que el profesional especializado logra realizarse en su trabajo, así como el artesano se realiza en sus trabajos manuales?

Esa conexión entre profundidad y propósito no es muy clara en el trabajo especializado, pero no significa que no exista. El objetivo aquí es entender que el trabajo profundo puede generar tanta satisfacción en la era de la economía de la información como antes en la época de la economía artesanal.

Para entrar en modo Deep Work necesitas entender el concepto de “flow”, o flujo, que el autor nos trae. El flujo es un estado mental en el que el cuerpo o la mente de una persona es ‘estirado’ a sus límites, en un esfuerzo voluntario para conquistar alguna cosa difícil y que te realiza. Mientras más experiencias de flujo sucedan en una semana, mejor será la satisfacción y la felicidad de la persona. Eso es interesante, pues va en contra de la sabiduría popular de que es el descanso el que deja a las personas felices.

El trabajo profundo es un estado de flujo continuo y ese flujo genera felicidad. Con eso, tenemos un poderoso argumento de psicología a favor de la profundidad. Décadas de investigaciones validan que el acto de profundizarse en algo nos ayuda a organizar nuestra mente y, así, valorar nuestras vidas.

El trabajo profundo es la clave para extraer propósito y sentido de tu profesión. Además de eso, adoptar el trabajo profundo en tu propia carrera y dirigirlo de forma que te ayude a cultivar tus habilidades es un esfuerzo que puede transformar tu trabajo y hacer que deje de ser una obligación distraída y se vuelva una tarea satisfactoria y autorrealizadora.

Rutinas y rituales para entrar en trabajo profundo

La clave para desarrollar el trabajo profundo es agregar rutinas y rituales en tu vida para minimizar la cantidad de fuerza de voluntad necesaria para mantener un estado de concentración ininterrumpida. Por ejemplo, si en medio de una tarde distraída decides de repente navegar por la Internet, para cambiar tu atención para una tarea con exigencia cognitiva, vas a necesitar fuertemente de tu fuerza de voluntad para separarte de la web.

Por tanto, esos intentos muchas veces fallan. Por otro lado, con rutinas y rituales inteligentes – como reservar un lugar tranquilo para tus tareas profundas – vas a necesitar menos de tu fuerza de voluntad para empezar y para continuar trabajando. A largo plazo, tendrás éxito con esos esfuerzos profundos mucho más frecuentemente.

Para extraer el máximo de tus sesiones de trabajo profundo, construye rituales en tu día de trabajo. Decide:

  • Dónde vas a trabajar y por cuánto tiempo. Si fuese posible, escoge un local exclusivo para profundizar en tu trabajo, como por ejemplo, una sala de conferencias vacía o una biblioteca silenciosa.
  • Cómo vas a trabajar después de haber empezado. Tu ritual necesita tener reglas y procesos para mantener tus esfuerzos estructurados. Por ejemplo, puedes instituir una prohibición de cualquier uso de la Internet o mantener una métrica como “palabras escritas por cada 20 minutos” para mantener tu concentración.
  • Cómo vas a apoyar tu trabajo. Tu ritual necesita garantizar que tu cerebro reciba el apoyo necesario para operar a un nivel alto de profundidad. Por ejemplo, el ritual puede especificar que empieces con una taza de café o garantiza que tengas acceso a la comida suficiente para mantener tu energía, o incluso integre ejercicios leves como una caminata para ayudarte a aligerar la mente.

Además de eso, planifica tu tiempo de inactividad. El tiempo ocioso ayuda a tu cerebro a descansar y hace que tus horas de trabajo profundo sean más productivas. Existen otras 3 razones para que incluyas un poco de ociosidad a tu trabajo:

  • Mejoras en el tiempo de inactividad. Ofrecer tiempo a tu cerebro para que descanse le permite a tu inconsciente trabajar en los retos profesionales más complejos. Por tanto, el hábito de ‘desconectarse’ no está necesariamente reduciendo la cantidad y tiempo que gastas en un trabajo productivo. Al contrario, está diversificando el tipo de trabajo que eres capaz de realizar.
  • El tiempo de ociosidad recarga la energía necesaria para trabajar profundamente. Tu atención es un recurso finito. Si acabas con ella, vas a tener dificultades para concentrarte. La idea principal de esta teoría es que, si descansas un poco, lograrás restaurar tu habilidad de dirigir tu atención y foco.
  • El trabajo sustituido por tiempo ocioso no es tan importante. Tu capacidad de trabajo profundo por día es limitada. Después de llegar a tu carga máxima durante tu día de trabajo, no debes tener miedo de parar y descansar. Al final, no serás capaz de continuar trabajando de forma eficiente y tus esfuerzos estarán confinados en tareas de bajo valor, realizadas a baja velocidad.

Practica la meditación productiva

Una vez que tu cerebro se acostumbró a un mundo ultra distraído es difícil adaptarlo para funcionar profundamente. Si cada momento de potencial aburrimiento en tu vida – por ejemplo, si necesitas esperar cinco minutos en una fila o sentarte solo en un restaurante hasta que tus amigos lleguen – es aliviado por una mirada rápida a tu celular, tu cerebro llegó a un punto en el que no está listo para trabajar de forma profunda, incluso si practicas esta concentración regularmente.

Por eso, debes practicar la meditación productiva. El objetivo de ella es tomar un periodo en el que estés ocupado físicamente, pero no mentalmente, como por ejemplo andando, manejando o bañándote, y enfocar tu atención totalmente en un problema profesional bien definido. Dependiendo de tu profesión, este problema puede ser escribir un artículo, intentar definir una estrategia de negocios o preparar una presentación. Así como en la meditación plena, necesitas continuar atrayendo tu atención a el problema. Para ser exitoso con la meditación productiva, necesitas practicar mucho para hacerlo bien.

Como principiante, cuando comiences tu sesión de meditación productiva, el primer reflejo de tu mente será traer pensamientos más interesantes, desconectados. Cuando notes que tu atención está saliéndose del problema, recuerda que puedes pensar en esas cosas después y redirige tu atención al problema de nuevo.

Libérate de las redes sociales

Identifica los factores clave que determinan el éxito y la felicidad en tu vida personal y profesional. Solo adopta herramientas como Facebook y Twitter si su impacto positivo en esos factores supera al impacto negativo.

No necesitas dejar la Internet de lado completamente. Pero debes rechazar el estado de distracción de estar siempre conectado. Existe un punto medio, y si estás interesado en desarrollar un hábito de trabajo profundo, necesitas luchar para llegar a ese punto. Ten siempre en mente los siguientes puntos:

  • Aplica la regla de Pareto para tus hábitos con la Internet. Esta regla afirma que en muchos contextos el 80% de los efectos se debe a solo el 20% de las causas.
  • Abandona las redes sociales por 30 días. No desactives formalmente esos servicios y no comentes online que vas a salir; solo deja de usarlas. Después de 30 días de aislamiento de la red, pregúntate: ¿estos últimos 30 días habrían sido mejores si hubiera usado este servicio? ¿¡A la gente le importó que yo no estuviera usando este servicio?
  • No uses la internet para divertirte. Darle a tu mente alguna tarea significativa durante todas tus horas de trabajo hará que termines el día más satisfecho y vas a comenzar el siguiente más relajado Si, en vez de eso, permites que tu mente deambular por horas en la internet, eso no sucederá.

Para resumir, si quieres eliminar el vicio de las páginas de entretenimiento drenando tu tiempo y atención, dale a tu cerebro una alternativa de calidad. Eso no solo va a preservar tu habilidad de resistirte a las distracciones y de concentrarte, pero también va a ayudarte a experimentar lo que significa vivir y no solo a existir.

Elimina el trabajo superficial

Trata el trabajo superficial con desconfianza, porque el daño que hace muchas veces es subestimado y su importancia sobreestimada. Este tipo de trabajo es inevitable, pero debes mantenerlo confinado a un punto en que no impida tu habilidad de aprovechar al máximo tus esfuerzos profundos, que determinan su impacto.

Comienza programando cada minuto de tu día:

Una combinación de programación organizada y flexibilidad para reprogramar las cosas si fuese necesario te permitirá más insights creativos que un enfoque más tradicional, con un día desestructurado y abierto. Sin una estructura, es fácil permitir que tu tiempo caiga en la superficialidad de los emails, las redes sociales y la procrastinación. Este tipo de comportamiento superficial, aunque sea placentero en el momento, no te lleva a la creatividad. Por otro lado, con una estructura, es posible definir bloques regulares de tiempo para generar nuevas ideas o trabajar profundamente en algún reto. Éste es el tipo de compromiso que genera innovación.

Cuantifica la profundidad en cada actividad:

Una ventaja de programar tu día es que puedes determinar cuánto tiempo estás gastando en actividades superficiales. Después de entender dónde están tus actividades en la escala de profundidad o superficialidad, gasta tu tiempo en las más profundas.

¿Cuál es el porcentaje de tiempo que debes gastar en trabajos superficiales? Si tienes un jefe, conversa con él sobre esto. Probablemente vas a necesitar definir qué es un trabajo “superficial” y “profundo”. Si trabajas de forma autónoma, hazte esa pregunta a ti mismo.

Termina tu trabajo a las 17:30 de la tarde:

Este es un compromiso fijo con la productividad, sugerido por Cal. Tener una hora fija para terminar el trabajo hace necesario que seas capaz de encontrar estrategias de productividad que te permitan terminar todo lo que deba ser hecho a la hora y velocidad correctas.

  • Dificultate el envío de mensajes de email: La idea de que todos los mensajes, independientemente del motivo o del remitente, llegan al mismo buzón de entrada, y que hay una expectativa de que cada mensaje necesita una respuesta, es extremadamente improductiva. Crear un filtro de remitentes es un paso pequeño, pero muy útil, para mejorar esa situación. Filtros de remitentes y carpetas para desconocidos son una buena forma de asumir el control de tu tiempo.
  • Dedícate más a los emails que envías y respondes: Responder emails con una respuesta rápida irá en corto plazo a darte un pequeño alivio, porque estarás librándote de la responsabilidad traída por el mensaje. Sin embargo, ese alivio es a corto plazo, ya que la responsabilidad va a continuar volviendo a ti en cada email que envías, tomando tu tiempo y atención. Para lidiar con eso, lo ideal es hacer una pausa antes de responder cada email y ser preciso en el contenido de tus mensajes, para garantizar que no regresen todo el tiempo a ti.
  • No respondas a todos tus emails: Desarrolla el hábito de dejar que sucedan cosas malas y pequeñas. Si no haces eso, nunca vas a encontrar tiempo para las cosas grandes e importantes. Debes estar contento con notar que, como los profesionales del MIT descubrieron, las personas son rápidas para ajustar sus expectativas para sus hábitos específicos de comunicación. El hecho de que no respondes tus mensajes probablemente no es un evento central en tu vida. No respondas a los emails que no se relacionan con tus intereses o agenda, y a los que sean ambiguos o difíciles.

Notas finales

La vida profunda no es para todos. Exige trabajo duro y cambios drásticos en tus hábitos. Para muchos, existe un confort en la ocupación artificial de responder los mensajes rápidamente o postear en redes sociales, pero la vida profunda exige que dejes muchas cosas de lado. Hay también una dificultad que circunda cualquier esfuerzo para producir las mejores cosas que eres capaz de producir, ya que eso te obliga a confrontar la posibilidad de que la mejor versión de ti todavía no es (todavía) tan buena. Pero, si estás dispuesto a esquivar esas comodidades y miedos, y a luchar para utilizar tu mente a su máxima capacidad para crear cosas importantes, entonces vas a descubrir que la profundidad genera una vida rica en productividad y significado.

Consejo de 12’: Si te gustó este microbook, ¿qué tal continuar mejorando tu productividad con “Enfoque” de Daniel Goleman?


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